Indienauta: Parade – Materia Oscura

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Tras el necesario recopilatorio “Intonarumore” (Jabalina, 2009) y el maduro disco conceptual “La Fortaleza de la Soledad” (Jabalina, 2010), Parade sorprende al entregar un nuevo trabajo dejando tan poco tiempo para asimilar sus últimas ocurrencias. Antonio Galvañ nos tenía acostumbrados a esperar con ansia sus nuevos trabajos, pero “Materia Oscura” (Jabalina, 2011) llegó por sorpresa, como un regalo fuera de tiempo. Y ese regalo habrá que agradecerlo siempre, pues el murciano ha parido su colección de canciones más redonda desde“Inteligencia Artificial” (Spicnic, 2003).

Anunciado en su momento como el disco oscuro de Parade, la realidad es que el optimismo es parte del ADN del proyecto, así que por muy siniestro y misterioso que se quiera poner,Galvañ acaba por convertir unos temas en principio tétricos en pequeños rayos de esperanza que iluminan las diferentes estancias por las que pasan. De este modo, historias sobre sectas que sacrifican humanos en función de sus logros en la vida (“Innsbruck”), de amores entre muertos (“Bela y Boris”, “La muerte enamorada”), de balas que se instalan en cuerpos sin matar (“El hombre con una bala en el corazón”) o de traumas causados por el baile (“Yo nunca bailo”), trazan dramas tenebrosos que se suavizan con arreglos pop, melodías animadas y la voz de alguien que parece incapaz de hacer el mal. También tiene tiempo para fantasías con vocación de hit clásico como “Transplutonia”, costumbrismos abiertamente vainiqueros y adictivos (“Un roto, un descosido”) y las ya habituales historias de resignada soledad:“Partidario del desierto” y “El viajero del tiempo” son composiciones 100% Parade, de esas que dan vueltas sobre el mismo tema sin cansar.

Cabe destacar algunos temas que se encuentran, sin lugar a dudas, entre lo mejor de la carrera de Parade, en concreto las tres que abren, como una apisonadora, “Materia Oscura”. “No más rocanrol” comienza con una pieza clásica, y es una declaración de principios, una defensa extraña de lo antiguo desde la más absoluta modernidad, y continúa con “El dolor del espacio”, una aventura de soledad de esas que se le dan tan bien. Pero el momento más emotivo llega con “¿Eres un robot?”, que tiene como protagonista a la hija de Galvañ, una niña muy avispada que se ha dado cuenta de que a su padre lo han sustituido por una máquina, y en menos de tres minutos la realidad y la ficción conviven en una historia tierna y concisa.

Difícil, a estas alturas, encontrar una carrera tan larga que no decaiga, que avance tan segura y certera, sin miedo a mirar atrás, pero con la convicción de que probar nuevas vías es la mejor opción posible. Parade lo ha conseguido, de puntillas, sin alharacas. Y parece que la cosa no acaba aquí.

 

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