La Fonoteca: Dover (Discografía)

Sister

Grabado con sus ahorros, con un presupuesto ajustadísimo, en apenas unos días la banda madrileña registra su debut, “Sister” (Everlasting-Caroline, 1995) y consigue un acuerdo de distribución. Con una tirada de tan sólo setecientas copias, el disco no consigue llamar demasiado la atención, e incluso en medios independientes no consiguen críticas favorables (tampoco desfavorables).

A nivel musical, “Sister” es un hijo de su tiempo: con el cadáver de Kurt Cobain todavía caliente, el grunge ya había iniciado su conquista de la década y Dover fueron uno de los primeros grupos en España en tomar esas influencias. A pesar de la losa grunge, el disco se ve tocado por otros estilos, como el pop y el movimiento riot, más que nada por la voz rota y salvaje de Cristina, que se acopla perfectamente a unos sonidos de rock duro plagados de guitarras distorsionadas. Un disco corto, en el que Cristina no ha descubierto todavía todo el potencial de su voz, que suena demasiado descacharrada y masculina, quizá por lo pobre de la producción.

Aun así, hay canciones grandes en este debut, como la apertura de “Anacrusa”, el (no) single “Come with me”, la intensidad de la preciosa “Grey” y el pop de “She will”, algo desaprovechado por la producción rockera. Sin embargo, por lo general los temas parecen a medio hacer, poco acabados, con alguno que ni siquiera llega al minuto de duración. Una pena que un material decente acabe desdibujado por una producción pobre, que ni siquiera tiene la gracia del lo-fi o el DIY.

Con todo, “Sister” es un debut en el que se sientan algunas bases del grupo, que todavía funciona de alguna manera, y al que se le coge el clásico cariño que irradian los debuts. Además, sirvió como calentamiento para el disco con el que Dover darán el gran salto tan solo dos años después, “Devil Came to Me” (Subterfuge, 2007).

Devil Came To Me

El pelotazo comercial de Dover fue toda una sorpresa, y escuchando el disco uno se da cuenta de que estuvo más que merecido. En “Devil Came to Me” (Subterfuge, 1997) el grupo consiguió optimizar al máximo sus recursos para dar a luz un álbum compacto, coherente y con más de un hit instantáneo. Puliendo los errores de su debut y depurando su sonido, haciéndolo más brillante y limpio sin perder un ápice de contundencia, la banda madrileña dio un paso de gigante hacia una forma de hacer que se convertiría en marca de la casa en años venideros.

La inmediatez y los excelentes estribillos de “Devil came to me” y “Loli Jackson” abren de manera magistral el disco, con una Cristina pletórica, mucho menos masculina que en “Sister” (Everlasting-Caroline, 1995), y ganando en crudeza y rabia gracias al encaje perfecto de todos los instrumentos.

Las guitarras saturadas, pero pop, de “Spectrum” o el espíritu luminoso de “Nightmare” chocan directamente con la contundencia punk rock de “Pangea” o “La monja mellada”, y consiguen un equilibrio perfecto que se mantiene en todo el álbum, que conjuga muchas de sus referencias musicales sin desentonar. Las guitarras grunge de “Winter song” y “Rain of the times” conviven perfectamente, en armonía, con la calma de “Sick girl”, la lenta que cierra el disco. Incluso mezclan ambas facetas en un tipo de canción que les dará muchas alegrías: aquellos temas que tienen una estrofa tranquila, con guitarra eléctrica limpia y sin batería, apenas con la voz de Cristina, y con un estribillo demoledor y distorsionado. El claro ejemplo es el single que les llevó a la fama, “Serenade”, o la crudeza contenida de “Judas”. Una fórmula que repetirán en el futuro, no siempre con la misma fortuna.

Aunque no se hizo demasiado hincapié en su promoción, podría decirse que “Devil Came to Me” es, además, un disco conceptual, sobre la religión. Las referencias católicas comienzan con el título del disco, pero siguen tanto en las letras (donde hablan de pastores, diluvios universales y el demonio) como en el artwork. Convertido en uno de los grandes hitos de la independencia española, y por extensión en uno de los discos más importantes de la década de los 90, cuesta sacarle peros a “Devil Came to Me”, pues ya ha adquirido esa aura de clásico. Probablemente tenga muchos detractores, pero tendrá tantos o más defensores vehementes… precisamente por eso, porque estamos hablando de un clásico. Y el disco con el que Dover comenzaron a perfilar un estilo propio que nunca llegaría a alcanzar cotas tan espectaculares, pero que sin duda consiguió que, a partir de entonces, cuando alguien escuchara una canción suya, supiera de inmediato que era suya.

Late At Night

“Late at Night” (Chrysalis, 1999) es el disco de la resaca. Algo abrumados por el éxito, y con un presupuesto más alto, la banda graba un disco de hard rock que intenta repetir la fórmula que les hizo grandes sin demasiado acierto, por lo menos a nivel musical. Un primer single, “DJ”, que roza la vergüenza ajena (sobre todo por la letra), sirvió de presentación del álbum, que resultó ser un compendio de guitarras fuertes, con toques de heavy, Cristina desgañitándose y alguna canción con la que se intentan desmarcar. El segundo single, “Cherry Lee”, mejoró el nivel, pero apenas pasa por ser un remedo de “Serenade”, que con una estructura demasiado parecida y que no aportaba nada que no conociéramos al sonido de la banda.

A pesar de lo efectivo de la propuesta a nivel comercial, artísticamente se queda en nada. Sí que coquetean cada vez más con el hard rock, y Cristina Llanos se suelta con su voz, llegando a unos registros rotos y llenos de rabia. Sin embargo, el disco resulta demasiado plano y falto de sorpresas, con algunos temas que parecen hechos en serie, sin pensar, como “Four graves”, y otros demasiado vergonzosos en su uso de los recursos del heavy, como “Me and my mulon”.

A pesar de todo, no todo iban a ser desgracias en “Late at Night”, y el buen hacer de la banda se deja notar en algún tema suelto, como la decente “Dowtown”, una de esas canciones que irradian melancolía mezclada con rabia, en las que parece que Cristina puede echarse a llorar en cualquier momento, o “The hitter”, una tonada pop que se disfruta de forma inmediata.

En definitiva, “Late at Night” es un disco conservador, en el que la banda mantuvo los parámetros de “Devil Came to Me” (Subterfuge, 1997) que tan buenos réditos comerciales les proporcionó. Las razones de este inmovilismo no interesan, ya sea por convicción del propio grupo o por las presiones de la nueva compañía, pues los responsables finales siempre serán Dover.

I Was Death For 7 Weeks In The City Of Angels

“I Was Death For Seven Weeks in the City of Angels” (Chrysalis, 2001) tiene la suerte de contener algunos de los mejores singles de Dover, como la maravillosa “King George”, la efectiva “Better day” y “The weak hour of the rooster”, consiguiendo ellos tres solitos un disco más que aceptable. Desde luego, era prácticamente imposible repetir un fiasco como el de “Late at Night” (Chrysalis, 1999), pero recién empezado el siglo XXI parecía casi seguro que los días dorados de Dover habían pasado ya.

Aun así, este disco está marcado por las condiciones en las que se grabó, pues la banda no se entendió del todo con su productor y Cristina sufrió una gripe eterna que influyó en su manera de cantar, lo que para la banda supuso un suplicio, pero que le da un toque decadente y extraño al sonido que no acaba de quedar mal. El nombre del disco, de hecho, es un resumen perfecto de la grabación.

Como era de esperar, entre tanta canción (un total de quince) no es complicado encontrar joyas. Desde el esperanzador comienzo, con la rockera “My secret people”, pasando por una de las pocas baladas de Dover, “Big mistake”, llena de sentimiento y la rabiosa “Death rocker”. Además hay momentos puntuales de lucidez extrema, como el punteo de guitarra que se marca Amparo hacia el final de la mediocre “Astroman” o los parones rítmicos y la mezcla de guitarras limpias y distorsionadas de “I hate everybody”.

Mención aparte merece “King George”, que para servidor es la mejor canción que han hecho nunca los madrileños, un petardazo pop, sin adornos, en el que hablan de Paul McCartney y para la que desarrollan una estrofa que parece un estribillo y un estribillo con coqueteo grunge que les devuelve a sus comienzos de la mejor manera.

Probablemente el fallo más grande del cuarto álbum de Dover sea su excesiva duración y la cantidad de canciones, que provoca que haya demasiada paja. Si uno se pone a contar las canciones de relleno que tiene, salen por lo menos seis, y no merece la pena ni reseñarlas. Eligiendo más minuciosamente el tracklist final, probablemente “I Was Death for Seven Weeks in the City of Angels” habría sido una obra cumbre en la carrera del grupo, pero finalmente se quedó simplemente en un buen disco.

Sister (Reedición)

Aprovechando el tirón comercial del grupo, Chrysalis se hace con los derechos del debut de la banda y lo reedita, con la novedad de incluir un tema inédito. Se trata de la versión de Solera “Noche tras noche”, la única canción grabada por el grupo en castellano.

It’s Good To Be Me

Típico recopilatorio en directo sacado a rebufo del éxito comercial de Dover. La canción inédita de turno, “Mystic love”, es sosa y olvidable, y el resto de la referencia no aporta demasiado, más allá de algunas versiones en acústico, que dan un aire diferente a dos de sus singles del momento, “Better day” y “The weak hour of the rooster”.

Desde luego, algo que consiguen dejar claro es que los discos en directo no les sientan nada bien, pues Cristina no tiene una gran voz para los conciertos (en estudio la cosa cambia) y musicalmente suenan demasiado cacharreros, no hay más que oír como destrozan “King George”.

No ocurre lo mismo en las acústicas mencionadas anteriormente, donde se nota que la cantante está más relajada y ofrece interpretaciones más que aceptables.

The Flame

Tras el descalabro artístico que sufrieron Dover con su entrada en Chrysalis, debutan en EMI con su mejor disco en años, lo que no significa que sea un gran disco, sino un disco más que decente. Simplemente, en “The Flame” (EMI, 2003) la banda se olvida de arreglos, experimentos y complicaciones y entrega un álbum directo y sin artificios, de apenas treinta minutos. Haciendo lo opuesto a lo que un servidor les venía criticando respecto a sus dos anteriores discos oficiales, es decir, escribiendo con el corazón, sin ponerse metas complicadas, consiguen hacer de la sencillez una virtud y por fin es posible disfrutar de un álbum de Dover sin problemas.

Como siempre, con Dover toca hablar de los singles, y en esta ocasión el elegido es el que da título al disco, un tema pop en el que juegan con el ritmo (¡ese bajo saltarín!) y la distorsión y salen airosos. Hablando del resto, cada canción tiene su aquel, y sin que ninguna sea el temazo definitivo, el encanto está presente a lo largo de todo el álbum. Hay mucho buen rollo y felicidad en la música, a pesar de tratar temas (con un inglés ya más que digno) duros como el paso del tiempo (“27 years”).

Todavía en 2003 siguen tirando de Nirvana (y sorprendentemente se agradece) en “My fault” y “Mi sombrero” y la intensidad punk se deja ver en “Leave me alone” en su vertiente pop y en “Afterhours” en la vertiente más hardcore. Además, dejan momentos para la sensibilidad ruidosa (“Honest”, “On my knees”), la furia rockera (“Die for rock & roll”) e incluso el formato acústico en la preciosista “Someone else’s bed” y en la olvidable “All my money”.

Hacia el final, Dover sacan su rollo heavy por enésima vez en la mil veces oída, pero no por eso menos efectiva, “One black day”, donde Cristina grita y se pone tierna a partes iguales.

Con tanta canción corta, el disco se pasa en un suspiro y no se puede sentir otra cosa que simpatía por “The Flame”, aunque nunca llegue a apasionar. Parece que Dover estaban hasta el gorro de sí mismos y decidieron quitarse de complicaciones. Y unos años después comprobaríamos lo que el hastío fue capaz de hacer…

Follow The City Lights

¡Sorpresa! En 2006 Dover volvían tras un largo silencio en el que nadie supo nada del grupo. Cuando presentaron el single de adelanto, “Let me out”, dejaron con la boca abierta a más de uno con el giro estilístico hacia el rock bailable que tan en boga estaba por entonces en Reino Unido. En el descanso que se tomaron estuvieron experimentando con sintetizadores y ordenadores para descubrir si la electrónica podía adaptarse al sonido de la banda y vaya si lo consiguieron. Con la ayuda del productor de “Devil Came to Me” (Subterfuge, 1997) dieron forma a un disco 100% electrónico que les supuso una revolución a todos los niveles. Tras tres años casi desaparecidas, las hermanas Llanos volvieron renovadas físicamente, con estilismos al más puro estilo Madonna en la época de “Confessions on the Dance Floor” (Warner, 2005), totalmente acorde con su nuevo estilo musical.

Musicalmente, las canciones no pasan de ser temas de Dover de toda la vida pasados por la turmix de los sintetizadores, lo que por momentos tiene su gracia, pero que a la larga acaba siendo tedioso y tras tres escuchas, con el factor sorpresa diluido, no dan ganas de volver a prestarle ni un segundo de tu tiempo. Entre tanta programación de cacharreo y guitarra perdida entra sintetizadores, encontramos sin embargo un pequeño oasis de genialidad, la pseudoacústica “Dear McCartney” (segunda vez en su carrera que nombran al ex-The Beatles), un pequeño detalle pop en el que la guitarra acústica es sustituida por un teclado y Cristina está más dulce que nunca, y la balada “Shine on me”, que nos recuerda que Dover una vez fue un gran grupo de guitarras.

Con todo, el resto del disco se mueve entre el cliché (“Madrid”), las canciones mil veces oídas (“Do ya”, “Tonight”) y el aburrimiento supino. El caso es que “Follow the City Lights” (EMI, 2006) sacó a Dover de la caída de popularidad que estaba sufriendo, y consiguió vender mucho más que su predecesor, algo increíble teniendo en cuenta el deterioro de la industria musical en España. Aunque perdieron gran parte de su público de siempre, que ni supo ni quiso entender un cambio tan radical de estilo, Dover encontraron un nuevo público, el de la radiofórmula, dispuesto a aceptar su nuevo status con los brazos abiertos.

2

El colmo para los fans de toda la vida llegó tan solo un año después de “Follow the City Lights” (EMI, 2006). Los recopilatorios son un paso lógico, e incluso sano y necesario para una banda, pues sirven para recapitular, cerrar etapas o redescubrir viejos temas. Sin embargo, Dover retrasaron un poco esta lógica y, en lugar de editar un recopilatorio para cerrar su aplaudida “etapa rock” después de “The Flame” (EMI, 2003), decidieron publicar una colección de temas antiguos adaptados a su nuevo estilo, además de sus versiones originales, en un intento algo forzado de enseñar a sus nuevos fans que antes también hacían canciones comerciales.

El resultado, recogido en un doble CD y con pretensión de epatar, es de todo menos sorprendente. Revisiones de sus mejores singles en clave electrónica que se quedan en simples ejercicios de estilo sin ningún tipo de alma, ejecutados con frialdad y sin aportar absolutamente nada. Destrozar de aquella manera joyas como “King George” (medio electrónica, medio acústica, se queda en nada) o “Serenade” debería estar prohibido, pues no tiene sentido y no nos descubre un mundo nuevo.

Quizá el problema es que no es un disco de remezclas, en el que se ponen los temas originales en manos de otros para que los reinterpreten, sino que ha sido la misma banda la que ha vuelto a grabar sus temas adaptándolos a su nuevo concepto de grupo, en el que los sintetizadores son protagonistas. La única remezcla que aparece es la que hacen Spam de su hit “Let me out”, que con una duración excesiva se convierte en un tedio interminable.

A lo mejor el homenaje velado a Madonna en “DJ” pueda hacer algo de gracia, pero la inclusión de los originales acaba por ser lo único mínimamente interesante de la recopilación.

Como suele suceder con este tipo de recopilatorios, se incluye una canción inédita, “Soldier”, que sigue los mismos derroteros de “Follow the City Lights”. Los nuevos Dover convencen, desde luego, a su compañía de discos, ya que las ventas son bastante espectaculares, y a los amantes de la música hecha en serie, pero a los fans de siempre y a los rockeros solo les produce rechazo, ya que musicalmente protagonizan un giro estilístico sin ningún tipo de justificación, en el que parece que van tan solo a ganar popularidad y dinero, sin preocuparse de proseguir con una carrera llena de altibajos pero muy digna.

Aparecido en lafonoteca.net el 17 de mayo de 2010

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