La Fonoteca: Parade (Discografía)

Parade (1998)

Es curioso como un primer álbum puede marcar la carrera de un artista. Para los que no son fans de Parade, siempre será el grupo de “Metaluna”, esa canción adscrita al tonti pop por su ritmo saltarín y su letra desenfadada y espacial que nada tenía que ver con aquel movimiento. El artífice detrás de todo esto, Antonio Galvañ, tenía mucho más que ofrecer gracias a su amplio universo, una inusual combinación de música de los 50, ciencia ficción, pop, Las Vegas y Vainica Doble entre miles de referencias que van apareciendo en sus temas constantemente. Así, quien haya seguido su trayectoria, sabe perfectamente que este disco es el punto de partida de una carrera interesantísima.

El debut de Antonio Galvañ es un disco casero, grabado con cuatro duros, que sin embargo consigue emocionar y apunta maneras. Editado por la discográfica más afín al mundo Parade, Spicnic, en él ya se pueden encontrar muchos de los temas recurrentes de Parade: la soledad, la ciencia ficción, el amor extraño y las historias fantásticas. Más allá del hit que le perseguirá siempre, la magnífica“Metaluna”, se esconden pequeñas joyas, como “La Casa Azul” (por si alguien no sabía de dónde había sacado la inspiración Guille Milkyway para nombrar a su proyecto musical), “Serpentina” o la recreación del clásico “Señora Azul” de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, de los que versionaría “María y Amaranta” junto a El Zurdo en su proyecto Los Fantasmas del Paraíso.

El juego de las referencias ya se hace patente en “Parade” (Spicnic, 1998), aunque algo obvias, como “Sin Eduardo”, inspirada en Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1993) o el famoso monólogo del replicante de “Blade Runner (Ridley Scott, 1982) como introducción a “Metaluna”.

Un disco sintético y pop, de fácil escucha, que no hace más que dejar intuir el universo rico y particular de un compositor enorme. Lo mejor estaba por llegar.

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Metaluna EP (1999)

“Metaluna” (Spicnic, 1999) cogía su hit y lo aceleraba, haciéndolo más tecno. La Versión Moroder de “Metaluna” no aporta demasiado a la original, pero por lo menos ofrece algo diferente.

El resto del EP presenta dos clásicos de Parade, “Construye a tus amigos (alambre y hueso)”, en la que vuelve a citar “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) y “Gagarin en Calabuch”, que sitúa en el pueblo de la célebre película de Luis García Berlanga al cosmonauta ruso, para contar otra de sus historias de personajes dislocados y solos, con una de las letras más inspiradas de toda su carrera (“Y los únicos cohetes que hoy saldrán son de pólvora y color” enlaza Valencia y el espacio exterior sin despeinarse). Esta canción, en esta misma versión, sería incluida en su segundo largo, “Consecuencias de un Mal Uso de la Electricidad” (Spicnic, 2000).

Completan el EP “Yo también fui un poltergeist adolescente”, algo insulsa, y un bonus track instrumental.

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Consecuencias de un Mal Uso de la Electricidad (2000)

El disco más pop (y de título más largo) de Parade, “Consecuencias de un Mal Uso de la Electricidad” (Spicnic, 2000), daba la bienvenida al nuevo milenio con un Antonio Galvañ optimista y pletórico, lleno de energía, aunque con zonas oscuras.

La electrónica sigue predominando, desde la primera canción, “Primer contacto”, que comienza con un sintetizador vibrante y la voz clara de Galvañ llenándolo todo. Utiliza uno de los recursos que más se repiten a la hora de contar historias en Parade: presentar una situación triste, o de exclusión, para acabar convirtiendo esa soledad en algo bueno que define al personaje. Así, el emocionante final, con la frase “Adiós, Planeta Tierra. Planeta Tierra, adiós”, se convierte en algo esperanzador y bonito. Este mismo recurso aparece en otra de las mejores canciones del disco, esta un poco más cómica, “Niño zombi”, que además aborda otro de los temas predilectos de Antonio Galvañ, la infancia, como lo hace también otra de los grandes temas del disco, “Robot 10”.

Por otro lado, están las canciones 100% optimistas, como “¡Asteroide!”, que casi parece hecha para la pista de baile, la graciosa “Mi Erizo”, ya un clásico de Parade o “Radio”, concebida como un himno.

Se comienza a percibir un interés por la instrumentación más allá de los sintetizadores, sobre todo en la canción que da título al disco, en la que cuenta el mito de Frankenstein acompañado de violines y percusión, consiguiendo convertirse en el mejor tema, con una intensidad y un dramatismo soberbios.

El cupo de versiones lo llena esta vez “Jamás Seré Feliz”, que transforma el punk de los Intronautas en un drama electrónico, superando a la original con creces.

Las referencias, aparte de las ya mencionadas, esta vez apuntan a Superman (“Lex Luthor Sha la la”), a las “Crónicas Marcianas” (1950) de Ray Bradbury y a Mazinger Z.

A pesar de no ser un grupo complicado, este segundo disco de Parade se hace un poco largo, y excepto honrosas excepciones, por lo general no ha envejecido todo lo bien que se esperaba. Aún así, mantiene la genialidad de su alma mater y contiene algunas de las joyas más apreciadas por la legión de fans del grupo de Murcia.

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Inteligencia Artificial (2003)

Sin duda, “Inteligencia Artificial” (Spicnic, 2003) es el álbum más ambicioso de Parade, y más que un cambio, supone una evolución a pasos forzados en su sonido. Esta vez Antonio Galvañ decide rodearse de instrumentos, muchos instrumentos, y orquestar sus canciones, dándoles un aire mucho más cálido. Con predominio del piano, el profesor de música de Yecla construye una colección de canciones superiores, dando carpetazo a su etapa electrónica (ojo, sigue utilizando bases y sintetizadores, pero ya no son los protagonistas), y abriéndose por completo a la canción europea, sobre todo la francesa y la italiana, pero también con algunos toques de folklore y música clásica y, sorpresa, al pasodoble, que no desentona en absoluto.

Solo con los temazos “¡Llama!”, “Nickel Chromo”, “Bucle surf”, “Área 51 (del corazón)” y “No connections” podríamos hablar de un disco mayor, pero lo mejor viene cuando uno descubre que del resto no sobra nada, todas las canciones tienen algo que las hace especiales. La mezcla de estilos juega a favor de Parade, que consigue el punto perfecto entre su universo de ciencia ficción y pop y la música más tradicional, que malea a su antojo.

“Inteligencia Artificial” se abre con la dramática “Romance Morlock”, que tira de épica (y de H.G. Wells) para hablar de  amores imposibles. La soledad vuelve a estar presente en la rockera “Nickel chromo”, la más sci-fi de todo el disco, con un planeta Tierra arrasado y sin futuro. Pero las cotas de poética más altas las alcanzan “Bucle surf”, un relato futurista sobre videojuegos con un aire de electrónica francesa y “¡Llama!”, uno de los pasodobles del disco, en el que utiliza la Guerra Fría para tratar, una vez más, la incomunicación y los amores frustrados.

Cabe destacar la belleza acústica de “Se positivo, acepta el silicio”, los acordeones a la italiana de “No connections” o la referencia a “Aliens, el Regreso” (James Cameron, 1986) de “Corre, Newt”, que nos recuerda que una vez Parade fue una banda de tecno-pop.

Las catorce canciones que componen el tercer álbum de Parade son un lujo en todos los sentidos: letras ingeniosas, emocionantes y nada previsibles, acompañadas por un sinfín de estilos que se adaptan como un guante, y que se zafan de prejuicios, poniendo como único límite los gustos de Antonio Galvañ. Sin duda, uno de los grandes discos de esta primera década del siglo XXI.

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Todas las Estrellas (2006)

Como ya confirmaría tres años más tarde “La Fortaleza de la Soledad” (Jabalina, 2009), tras tres discos Parade ya ha encontrado su sonido, donde más a gusto se encuentra. Para su cuarta entrega, “Todas las Estrellas” (Spicnic, 2006), el abanico de estilos se hace más pequeño, acabando por ser un album mucho más sencillo, pero no por ello menor.

Esta vez encontramos algunas de las canciones más tranquilas del murciano, especialmente las dos primeras: “Todas las estrellas”, con un aire lounge, y “Estación espacial”, que recupera en clave optimista el tema de la soledad, imaginando la comodidad de vivir en la órbita de la Tierra, un lugar desde donde observar las maravillas del mundo sin que nadie moleste. Como curiosidad, esta canción contiene un homenaje explícito al “Space Oddity” de David Bowie. Asimismo, también encontramos una relajante calma en “Autopistas elevadas” y “Un paseo por mi cabeza”, una de las pocas canciones de la discografía de Parade que no está compuesta por Antonio Galvañ (quitando las versiones), sino por Paco Tamarit, su guitarrista de directo.

Con los temas más tranquilos coexisten además aquellos en los que el piano es el protagonista, y que alcanza la máxima belleza en la mejor canción de “Todas las Estrellas” (y probablmente de toda su discografía), “Flora Rostrobruno”, una historia sobre una bruja que se enamora de un niño al que se iba a comer que desemboca en un dramático y sangriento final. La voz de Galvañ, desnuda frente al piano, se desata en esta tragedia de venganza. Esta canción es única, pero con el piano como nexo de unión podemos encontrar “Cuando besó a La Cosa del Pantano”, basada en un cómic de los 70 en el que una chica se enamora de un monstruo viscoso, provocando el rechazo de todos, y “La cena del Sr. Lobo”.

La otra tanda de canciones son divertidas y algo ligeras. Destaca la rutina de lo cotidiano de “¿Y usted qué sabe hacer?” y la falsa gravedad de “Determinista”, que comienza con una base un poco hip hop para desembocar en un estribillo luminoso.

“Todas las Estrellas” es el disco de confirmación de Parade como algo más que un proyecto de tiempo libre de Antonio Galvañ. Con más personas implicadas en la banda (el guitarristas Paco Tamarit y la corista Mar Hernández), Parade toma cuerpo y enriquece su sonido, estableciendo sus bases y encontrando una madurez y una serenidad poco usuales.

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La Fortaleza de la Soledad (2009)

“La Fortaleza de la Soledad” (Jabalina, 2009), es un disco conceptual un tanto sui generis, como todo en Parade. El caso es que contiene quince canciones, pero siete de ellas están agrupadas en la serie “Rainbows Avenue”, que cuenta una historia de amor por capítulos (tres en concreto), e intercaladas entre los fragmentos de “Rainbows Avenue” van apareciendo canciones que nada tienen que ver con el concepto. Aun así, no es un disco deslavazado, pues Parade sigue fiel a su estilo

De este modo, hay que ver “La Fortaleza de la Soledad” como dos discos, o como uno doble, sin tener en cuenta su duración. “Rainbows Avenue I”, compuesta por “Rainbows Avenue” y “Don Ricardo Pasea” presenta a Don Ricardo, un hombre solitario que vive en Rainbows Avenue, una calle con espíritu de Las Vegas llena de capillas para casarse en un arrebato. Dolorosa paradoja la de Don Ricardo, que casa a miles de personas y vive solo esperando el amor. “Rainbows Avenue II” habla de una novia abandonada en el altar que es consolada por Don Ricardo. Ella es Soledad, que pronto robará el corazón de Don Ricardo. La tercera parte, compuesta por “La rosa en el ojal”, “Marcha nupcial” y “Soledad sola”, relata la historia de amor de Don Ricardo y Doña Soledad, dos corazones rotos y solitarios que se unen, para, como no podía ser de otra forma, terminar con una despedida.

El resto del disco sigue los parámetros de los últimos trabajos de la banda, con canciones pop basadas en el piano, ritmos alegres y temática fantástica (“Stephen Hawkin”, la gran “Proyecto Genoma”) y popular (“Series”, que va de eso, de series, o el extraño homenaje a Bob Dylan en “El aerolito Dylan”).

Sin bajar demasiado la calidad de sus composiciones, terreno en el que es único, la verdad es que al quinto album de Parade le falta el factor sorpresa de otros tiempos, pero no tiene por qué ser algo negativo. Más bien demuestra que Antonio Galvañ tiene más claro que nunca lo que hace, además lo hace bien.

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Aparecido en lafonoteca.net

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