La Fonoteca: Charades (Discografía)

When Shining Blue (2006)

El debut de Charades es un entretenido compendio de power pop, garage, pop de los 60 y algún toque riot y de rock alternativo de los 90, sobre todo en las voces, las distorsiones y el uso del inglés, tan de moda en España por aquella década. Producido por su hombre de confianza, el experto Santi García (que se encargará también de sus siguientes entregas), “When Shining Blue” (Corea, 2006) mostró de qué pasta estaban hechas Charades.

Canciones simples y cortas, repletas de coros, que mezclan la dulzura de la voz de Isa con las guitarras distorsionadas y los ritmos acelerados. Directos al grano, en menos de 30 minutos entregan un disco divertido y fresco, con algunos temas que podrían considerarse (si no habláramos de una referencia tan minoritaria) singles clarísimos, como “Come my way”, “Sexy girl” o “Lucky girl”, tres canciones que muestran a un grupo con buena mano para las melodías, y que oscilan entre el pop más cristalino y la rabia garagera de ritmos acelerados, coros a destajo y teclados certeros.

A pesar de la corta duración y de lo animado de la propuesta, el album puede hacerse algo monótono en algunos momentos, pero según van apareciendo los golpes de genialidad, uno se olvida de este pequeño detalle sin importancia y solo piensa en salir a correr por el campo y ponerse a bailar mientras escucha “Who wanna dance now”, o retroceder a la new wave y al punk femenino de la mano de “Someday”.

Un debut efectivo, que puso a Charades en el mapa, y llamó la atención no solo de medios independientes, sino también de la discográfica barcelonesa BCore, que no dudó en ficharlas tras ver de qué era capaz el (por entonces) cuarteto.

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En Ningún Lugar (2008)

Los cambios comienzan en Charades con la publicación de su segundo disco. No solo eliminan el “the” de su nombre, sino que cambian de discográfica (de la pequeña Corea pasan a la menos pequeña BCore) y cambian de idioma. Aunque no reniegan de su pasado en inglés (en las presentaciones en directo siguen tocando canciones de su debut), Charades cambian el chip y relajan su música, enriqueciéndola con más guitarras, muchas más voces y canciones que siguen siendo cortas, pero menos inmediatas, con un desarrollo algo diferente.

“En Ningún Lugar” (BCore, 2008) continua en la onda de los 60s, pero sustituye el garage por el sol de California, inundando las canciones de un halo de verano tranquilo y playero. Es un disco para escuchar en calma, en el que se describen sensaciones y momentos. Un album en el que se nota el trabajo que hay detrás, que deja ver la voluntad de cambio, de caminar sin mirar atrás.

Aunque el cambio no se perciba del todo en “Siete”, el corte que abre el album y que todavía guarda algún resquicio de su pasado, las joyas empiezan casi desde el principio: “La máquina del tiempo”, enérgica y con un final noise desconcertante, y “La carta”, con arreglos de slide y con las voces de Isa y María encajadas a la perfección, suenan como una declaración de intenciones de la banda, en las que piden que el tiempo se detenga y reconocen haber encontrado el valor para hacer lo que quieran. “Rozando la suerte”, el corte favorito del que esto escribe, es el ejemplo perfecto del optimismo de Charades, la conjunción total de melodía pop y letra alegre que tan bien saben hacer y que aquí alcanza lo sublime. Al igual que “Un día en Brighton”, con un comienzo que recuerda al “Venus” de Shocking Blue, que enseña el lado más luminoso de la banda, trasmitiendo buen humor y paz.

Sin embargo, no todo es jolgorio y ritmos divertidos. “En Ningún Lugar” nos descubre que Charades también pueden ser introspectivas y calmadas, y así lo demuestran con “El barco de Eric”, un canto a la verdad y a la libertad, y la fantástica “Tengo a María”, en el que juegan con los dobles sentidos. Para acabar, un homenaje a la filósofa alemana Hannah Arendt, en una canción de igual título, que abunda en los ritmos felices y en los coros.

Una nueva etapa para Charades, que define un poco mejor a la banda y que abre nuevos caminos dentro de su sonido.

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Revolución Solar (2010)

La revolución de Charades coincidió con el cambio de formación. Tras la salida de María, Toño se encargó del bajo y Antía de los sintes, los teclados y las percusiones. Esto se nota en su tercer album, “Revolución Solar” (BCore, 2010), en el que el sonido se enriquece todavía más y dan una vuelta de tuerca destapando sin pudor su amor por la psicodelia y el pop de los 60 de bandas como Os Mutantes o Love e incluso por movimientos más contemporáneos, entre los que me atrevería a citar a Animal Collective (sin perder el norte: recordemos que Charades todavía son un grupo de guitarras). Eso sí, las reminiscencias a la California más soleada son pervertidas por una visión algo más psicotrópica, en el que los viajes por oceános inmensos, las caídas en la oscuridad y las visiones astrales adquieren protagonismo frente a la felicidad aplastante de sus anteriores entregas.

El disco se abre con las tres mejores canciones, “Grito tu nombre”, “Revolución Solar” y “Aguaceros”. Un comienzo brutal y apabullante que sienta las bases de las nuevas Charades: cambios de ritmo, mucha más oscuridad, percusiones y sintetizadores que empastan maravillosamente con lo que ya conocíamos, es decir, las grandes melodías, las guitarras y los juegos vocales. “Grito tu nombre” empieza con una percusión y con la voz de Isa diáfana adentrándonos en los nuevos caminos del grupo. “Revolución Solar”, que da título al disco, es una canción enérgica y relajada a la vez, que va creciendo poco a poco, en un in crescendo casi imperceptible. “Aguaceros”, por su parte, recupera la frescura y la inmediatez de las  Charades del pasado para ponerlas en contacto directo con las del presente, en una canción que es todo estribillo, y que es interrumpida dos veces por una amalgama de guitarras, teclados y voces que pone sobre la pista de lo que nos vamos a encontrar en el resto de “Revolución Solar”.

El disco se convierte en lo mejor que ha grabado la banda, gracias precisamnete a su particular forma de concebir el pop y su falta de prejuicios. “Harold & Maude”, con letra escrita por Hugo Sierra de Margarita, es una canción optimista y feliz, en la que incluso se puede oír a Isa reírse y cantar a la vez, y junto con “Fin del mundo” y “En las batallas” son las canciones que mejor remiten a “En Ningún Lugar” (BCore, 2008). “Nerium Oleander” tiene un desarrollo instrumental loco y ruidoso que acaba por ser uno de los momentos más intensos del disco.

El final deja muy buen sabor de boca, con tres canciones realmente experimentales dentro de la discografía de Charades. Tras la instrumental “Medio cielo de revolución” nos encontramos con “A la tercera va la vencida”, que con cuatro minutazos es la canción más larga de su carrera. Y como broche, una letra con reminiscencias del “Ave Lucifer” de Os Mutantes, “Veo al diablo”, que cierra el camino hacia la oscuridad que Charades han emprendido con “Revolución Solar”.

En definitiva, Charades es un grupo de esos que no se quedan quietos, en búsqueda permanente, que va despojándose de prejuicios para enriquecer su música. Un grupo en constante evolución, que no deja de sorprender haciendo lo que les da la gana.

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Aparecido en lafonoteca.net

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