Kultura Urbana: Vampire Weekend y el triunfo de la naturalidad

Los neoyorquinos tocaron en Madrid por primera vez como colofón a su gira europea. Allí estuvimos.

Después de lo sucedido el domingo por la noche, podríamos asegurar que ésta no será la última vez que veamos a Vampire Weekend en Madrid, pues el cuarteto de Nueva York se encontró con un público entregado, un espacio perfecto para su propuesta (el siempre interesante Teatro Circo Price) y el cartel de sold out colgado en la puerta.

Una escenografía simple pero cuidada, mezclando elementos de ‘Contra’, cuya portada, gigante, llenaba el fondo, y de ‘Vampire Weekend’, con seis arañas iluminando la escena, avisaba que aquella noche disfrutaríamos de ambos discos. Y es que si de algo pueden presumir Vampire Weekend es de canciones redondas, efectivas y grandiosas. Alternaron canciones de sus dos discos en un playlist que pareció más que estudiado, que no dejó lugar para el aburrimiento, ni siquiera cuando, en mitad del concierto, se colocaron como un conjunto de cámara; todos juntos, con su teclado, su violoncello y su luz tenue.

El tramo final de la actuación fue de lo más variado, con una estupenda interpretación de ‘Diplomat’s Son’, la participación a grito pelado del público en el estribillo de ‘One (Blake’s got a new face)’, una cara B llamada ‘Boston’ -Ezra Koenig comentó que trata sobre “la típica novia que se va a vivir a Massachussets”-, así como su último single ‘Giving up the gun’. Se despidieron con un enloquecido medley de ‘Campus’ y ‘Oxford Comma’.

El bis no se hizo esperar, y tras una interpretación bastante sosa de ‘Horchata’, el final acabó por ser una catarsis de baile y desenfreno, durante la cual al batería le dio tiempo hasta de recoger unas gafas gigantes y ponérselas para regocijo de la masa.

Con tan sólo dos discos en el mercado, Vampire Wekeend tienen uno de los directos más sólidos. Los componentes de la banda hacen gala de una profesionalidad y una educación poco común en un grupo tan joven. Además, poseen una gran baza, y es que su carisma nace de la naturalidad con la que se mueven por el escenario, como cuatro tipos normales que bailan, se emocionan y se lo pasan bien tocando juntos, y haciendo disfrutar a todo aquel que quiera acercarse. Desde luego, el del domingo en Madrid fue un concierto de sobresaliente, casi de matrícula.

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Aparecido el 2 de marzo de 2010 en kulturaurbana.com

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